

El físico belga-estadounidense fue reconocido por sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube, un gigantesco detector instalado bajo el hielo del Polo Sur que permitió detectar partículas provenientes de los lugares más extremos del universo.
Fue elegido este martes 6 de octubre como ganador del Premio Nobel de Física 2026, por sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y por el descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico.
La distinción fue anunciada por la Real Academia Sueca de Ciencias, que destacó la visión científica de Halzen para utilizar el hielo de la Antártida como un gigantesco detector capaz de registrar el paso de estas partículas prácticamente invisibles.
Los neutrinos son partículas subatómicas sin carga eléctrica y con una masa extremadamente pequeña. Debido a sus características, pueden atravesar grandes cantidades de materia sin interactuar con ella.
Eso significa que enormes cantidades de neutrinos atraviesan constantemente la Tierra y también nuestros cuerpos sin que podamos sentirlos.
El problema para los científicos es precisamente detectarlos. Los neutrinos interactúan con la materia en contadas ocasiones, por lo que se necesita un detector de enormes dimensiones para aumentar las posibilidades de registrar uno de esos eventos.
Halzen planteó desde 1988 la posibilidad de utilizar el hielo del Polo Sur para detectar neutrinos. Su idea terminó convirtiéndose en IceCube, un observatorio construido en una región cercana al Polo Sur.
El Observatorio de Neutrinos IceCube ocupa aproximadamente un kilómetro cúbico de hielo antártico y tiene miles de sensores ópticos instalados a profundidades que llegan a unos 2 mil 500 metros.
El detector cuenta con 5 mil 160 módulos ópticos digitales, distribuidos en 86 perforaciones realizadas en el hielo. Cuando un neutrino interactúa con la materia y genera partículas secundarias, estas producen destellos de luz que pueden ser registrados por los sensores.
De esta manera, los investigadores pueden reconstruir la dirección y energía de las partículas y estudiar de dónde proceden.
IceCube fue completado en 2010, después de varios años de construcción en condiciones extremas de la Antártida. El proyecto es dirigido científicamente desde la Universidad de Wisconsin-Madison y cuenta con una colaboración internacional de instituciones científicas.
Los neutrinos de alta energía pueden funcionar como mensajeros cósmicos.
A diferencia de otras partículas cargadas, los neutrinos pueden viajar desde regiones extremadamente lejanas del universo prácticamente sin desviarse por los campos magnéticos y sin perder fácilmente su información durante el trayecto.
Esto permite a los científicos utilizarlos para estudiar algunos de los fenómenos más violentos del cosmos y buscar las fuentes capaces de producir partículas con cantidades extraordinarias de energía.
La Academia Sueca señaló que existen aceleradores naturales de partículas en el universo capaces de generar energías muy superiores a las que pueden alcanzarse en los aceleradores construidos por los seres humanos en la Tierra.
El trabajo de Halzen y de los investigadores que participaron en IceCube permitió desarrollar una nueva forma de estudiar el cosmos: la astronomía de neutrinos.
Los científicos pueden analizar los neutrinos que llegan desde el espacio y utilizarlos para investigar ambientes extremos que podrían ser difíciles de observar mediante la luz u otras formas de radiación.
La detección de neutrinos cósmicos de alta energía abrió así una nueva ventana para investigar los fenómenos más energéticos del universo.
Durante el anuncio del Nobel de Física 2026, Halzen destacó que una de las partes más gratificantes del reconocimiento era poder compartirlo simbólicamente con las personas que trabajaron junto a él.
El científico recordó especialmente a quienes se sumaron al proyecto cuando la idea todavía era considerada arriesgada dentro de la comunidad científica.
“Espero que esto refleje a las personas realmente valientes que se unieron a mí al principio de este proyecto, cuando ningún físico conservador respetable se habría unido a mí, pero muchas personas talentosas lo hicieron, y por eso estoy aquí”, afirmó Halzen.
Su reconocimiento pone el foco no solamente en el descubrimiento de los neutrinos de alta energía de origen astrofísico, sino también en décadas de trabajo para convertir una idea considerada ambiciosa en uno de los instrumentos científicos más singulares del mundo.
Francis Halzen nació en 1944 en Tienen, Bélgica, y obtuvo su doctorado en 1969 en la KU Leuven.
Posteriormente desarrolló su carrera académica en Estados Unidos y se incorporó a la Universidad de Wisconsin-Madison, donde se convirtió en una figura central del proyecto IceCube.
Halzen también estuvo involucrado en AMANDA, el experimento que precedió a IceCube y que permitió demostrar que el hielo antártico podía utilizarse para detectar partículas de alta energía.
El Nobel de Física 2026 reconoce así una investigación que comenzó con una idea planteada hace décadas y que terminó convirtiendo una enorme extensión de hielo en un observatorio capaz de estudiar partículas procedentes de las profundidades del universo.
Con información de: Xeu


