
La gente en Papantla lo conocía como “abuelito”; los agresores lo habrían confundido con el anterior inquilino del cuarto donde vivía

A don Luciano García lo asesinaron de 14 balazos mientras dormía en su cama envuelto en sarapes para atajarse del frío. Eran las seis de la mañana del pasado 4 de febrero cuando mataron al hombre de 93 años de edad, conocido en el municipio de Papantla por ganarse la vida vendiendo dulces y cigarros en una reja de plástico.
No era su casa donde acribillaron a Luciano; el dueño de una cuartería le dio posada estas temporadas de frío porque su situación económica era vulnerable. Las primeras investigaciones indican que tampoco era su hora morir, sus asesinos lo habrían confundido con un inquilino que, hasta hace poco, rentaba el mismo cuarto en la segunda planta de ese domicilio, ubicado en la colonia 25 de enero.
Luciano García nació en el año de 1933, en el municipio de Tenapulco, Puebla, en una comunidad llamada el Chacal que colinda con la sierra del Totonacapan, a la que pertenece Papantla. En una entrevista publicada el pasado 24 de diciembre, el hoy finado contó que desde los 10 años de edad comenzó a trabajar para ayudar a su madre, a cambio de propinas de 25 centavos. La gente papanteca lo llamaba “abuelito” de cariño; todos los días se sentaba sobre una acera, a un costado de la parroquia Nuestra Señora de la Asunción, para ofrecer dulces en su canasta.
El comerciante solía vestir pantalón formal, camisa de manta, sombrero de paja y guaraches de cuero; en temporadas frías usaba calcetines debajo de su calzado. Tenía las manos grandes y fuertes; de nariz aguileña, cejas pobladas, patillas largas y bigote abultado de color blanco como la bruma. De tez morena y con un ceño que ya fruncía para mirar a sus clientes.
Esa mirada quieta no verificaron sus asesinos. Cuando vaciaron sus armas don Luciano tenía tapada la cara; estaba envuelto de pies a cabeza con tres sarapes, uno color azul cielo con figuras de tigre, otro café y un tercero en tonos verde y rosa pastel que con dibujos infantiles. En la base de su cama individual estaba una camisa suya cuadriculada, del lado de la cabecera un morral con un ave bordada. Debajo de su cama había un jarabe para la tos, mientras que en el piso de cemento quedaron sus guaraches de cuero color café, en medio de un charco de sangre.
En el cuarto hay un detalle extra: un almanaque de la Dulcería Promar con la imagen de tres colibríes, donde se surtía de mercancía. En la ilustración se ven los tres primeros meses de 2026; el tiempo y el correr de los días eran importantes para Luciano, para agendas las compras de sus dulces, de sus medicinas y hasta para, quizá, cobrar su pensión de la Secretaría del Bienestar. Hoy “el abuelito” de Papantla está muerto.
De acuerdo con las primeras indagatorias, los responsables de su crimen llegaron y huyeron en motocicletas: vehículo muy recurrente para estos delitos en esa zona norte de Veracruz; en moto la delincuencia organizada atraca, distribuye drogas y asesina. Luciano recibió los impactos de bala en sus piernas y en el tórax; su familia intentó reanimarlo en un hospital pero fue muy tarde. Los responsables de este crimen hoy están libres y, si las investigaciones son certeras, al acecho de quien originalmente planeaban asesinar.
Con información de: Lsr Veracruz


