
Comunidades de Las Choapas reportan cultivos secos, agua contaminada y daños sin reparación tras la explosión del pozo de Pemex.

Cultivos secos, tierras inservibles y agua que habitantes consideran contaminada. Así viven comunidades de Las Choapas, Veracruz, a seis meses del estallido del pozo de Pemex. A medio año de la explosión, las autoridades confirman que no hay sanciones ni un plan de remediación.
Ramas secas y plantas destrozadas ahora ocupan el patio trasero donde antes estaba el huerto de Romalda Campos Campos. Con tristeza, ella cuenta cómo perdió todo el 5 de marzo, cuando en el pueblo de La Guadalupe, en Las Choapas, al sur de Veracruz, se escuchó un fuerte estruendo por la explosión del pozo Krem-1 de Petróleos Mexicanos.
Al ruido siguieron el mal olor, una columna de fuego y, por las noches, un sonido incesante que hacía vibrar las casas. El pozo permaneció encendido. Pemex logró apagarlo 150 días después de la explosión.
El olor se fue, pero los daños que habitantes atribuyen al incidente continúan seis meses después: cultivos secos, tierras que ya no pueden utilizar, ganado muerto, preocupación por la calidad del agua, afectaciones a la salud reportadas por pobladores y temor entre las comunidades de Las Choapas.
“Perdimos todo”, dice Romalda Campos mientras recoge del suelo un racimo de plátanos totalmente negro, entre quemado y podrido. Así quedó su cosecha, cuenta, debido a los químicos que, asegura, llegaron en medio de una neblina que envolvía comunidades completas.
Desde hace muchos años, Romalda, de 55 años, se mantenía de la venta de plátano, camote, chile y yuca y otros cultivos que tenía, pero asegura que se quemaron después de quedar cubiertos por esas sustancias. Ahora perdió sus cultivos y no sabe cómo va a pagar sus gastos.
Su casa también quedó dañada. Romalda atribuye a los gases y contaminantes que llegaron hasta su terreno la oxidación de las láminas del techo, a tal punto que ahora el agua de lluvia entra por las filtraciones.
Su caso no es único. En los alrededores, las parcelas están secas y hay casas con daños. Ya no existen muchos de los cultivos y pastizales que había cerca de la zona del pozo Krem-1, con el que se exploraba la existencia de hidrocarburos a una profundidad de entre 3 mil 390 y 3 mil 700 metros y con el que se pretendía obtener 409 barriles por día de aceite, y 0.19 millones de pies cúbicos por día de gas, de acuerdo con Petróleos Mexicanos.
Las personas de la región cuentan cómo sus árboles de aguacate, milpas o pastizales para el ganado se perdieron después de entrar en contacto con sustancias que caían del cielo y que describen como una especie de “sal”. A la fecha, aseguran, ninguna autoridad les ha explicado qué tipo de sustancia era.
“La creencia que tengo es que esa sal que cayó es como una salación para uno”, dice Candelario Cruz, habitante de una de las comunidades afectadas.
Para mostrar la magnitud de los daños y el número de personas afectadas, Candelario Cruz señala una casa tras otra. Narra cómo él y otros habitantes ahora deben reponer con sus propios recursos alambres y materiales, pero carecen de ingresos porque su principal sustento eran los cultivos que se perdieron.
La explosión del pozo Krem-1 expuso a más de 3 mil 300 personas de 29 localidades a emanaciones de gases y afectó al menos 270 hectáreas, según un análisis de Cartocrítica. La organización calculó que se quemaron aproximadamente 250 millones de metros cúbicos de gas.
Cada vez que personal de Pemex se acercaba a alguna de las localidades afectadas, los habitantes reclamaban. También realizaron manifestaciones y entregaron documentación para solicitar que cesaran las emanaciones, que, afirman, les generaban enfermedades y daños, además de exigir el pago por las cosechas perdidas.
En distintas ocasiones, habitantes aseguran que Pemex les informó que pagaría los daños, pero hasta ahora no han recibido los recursos ni tienen certeza de cuándo ocurrirá la reparación.
Según pobladores de la zona, hace un par de meses les solicitaron documentos de sus terrenos, cultivos y ganado para acreditar las pérdidas y tramitar los posibles pagos de Pemex.
Una vez que entregaron los documentos requeridos, aseguran, comenzaron a solicitarles otros papeles, lo que convirtió el procedimiento de Pemex en una cadena de trámites.
Algunas personas carecían del título de propiedad de las parcelas o no contaban con alguno de los documentos solicitados, por lo que tuvieron que viajar a Xalapa, a unas siete horas de distancia, o a la cabecera municipal de Las Choapas, a unas dos horas, para realizar los trámites.
Es el caso de Edgar Valenzuela y su familia. Su parcela se tiñó de amarillo por el pasto completamente seco y los alambres que la dividen de la propiedad vecina se volvieron blancos hasta dejar de servir.
Como no tenían un título de propiedad actualizado, tuvieron que viajar a Xalapa utilizando sus limitados ahorros, que poco a poco se agotan.
“Hay que hacer gastos para todos los papeles que hay que entregar y también nos toca hacer viajes, quizás hasta Xalapa. Hay que hacer varios viajes para tener todos los papeles que nos están pidiendo, porque, como les digo, nos piden uno y luego nos piden otro”, explica.
Para salir de su comunidad, La Guadalupe, se debe recorrer durante más de una hora un camino de terracería y no hay transporte público que llegue hasta ahí.
Ese camino conduce a otras comunidades afectadas por el pozo Krem-1, como Constitución Mexicana, que en ocasiones queda incomunicada por las crecientes de los ríos, lo que dificulta todavía más realizar los trámites.
Algunas personas, cuenta otro habitante de la zona, se han desanimado y han desistido del proceso porque los viajes, documentos certificados y firmas tienen un costo que no pueden pagar. El poco dinero que tienen, afirma, deben utilizarlo para atender los problemas que les dejó el incidente y no para cubrir los trámites requeridos.
El pasto quemado de la parcela de la familia de Edgar ya no sirve para alimentar a las vacas. Tuvieron que conseguir otro sitio para el ganado y ahora deben pagar renta.
El lugar tampoco se encuentra en las mejores condiciones porque una parte se secó, pero al menos permite mantener con vida a los animales mientras enfrentan los daños en sus parcelas.
Hace años, Pemex comenzó a recorrer la zona y la gente pensó que representaba una oportunidad de trabajo para comunidades dedicadas a la agricultura y la ganadería, donde muchas personas también migran a Estados Unidos, cuenta un habitante de El Nacimiento, otra localidad cercana al pozo.
La evaluación de riesgo elaborada por Pemex identificaba riesgos asociados al proyecto Krem-1 y señalaba, al mismo tiempo, que las comunidades se encontraban a suficiente distancia para limitar posibles afectaciones.
La explosión y los 150 días que permaneció encendido el pozo mostraron que el incidente sí tuvo consecuencias para poblaciones cercanas, de acuerdo con los testimonios y documentación recopilada.
La zona, rodeada de arroyos y ríos, tenía una amplia vegetación. De acuerdo con la evaluación de Pemex, ahí existen especies protegidas por la NOM-059-Semarnat-2010, entre ellas el tinco, en peligro de extinción; el helecho arborescente y el cedro, además del mono aullador de manto y distintas especies de aves y reptiles con algún grado de protección.
Hasta ahora, los habitantes señalan que no han recibido información de las autoridades sobre posibles afectaciones a las especies protegidas.
La Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA) informó que inició tres procedimientos por el incidente y ordenó cuatro medidas de urgente aplicación, pero no detalló cuáles son debido a que el expediente se encuentra reservado.
La dependencia confirmó que hasta el momento no se han impuesto sanciones y que no existe un plan de remediación por las afectaciones relacionadas con el pozo Krem-1.
“Es como si hubiéramos fumigado”, dice Adán Cruz desde la comunidad López Rayón mientras observa la tierra.
Después saca su celular y muestra videos de sus vacas pastando entre vegetación antes del incidente. Habla de cómo era su parcela y luego muestra el mismo sitio completamente seco, condición que atribuye a la sustancia que los pobladores describen como “sal”.
Las fuertes lluvias registradas durante el último mes han dejado a los pueblos durante días sin energía eléctrica ni comunicación y han deteriorado los caminos rurales.
También han provocado que algunos terrenos comiencen poco a poco a recuperar tonos verdes, con nuevas plantas que brotan de la tierra.
Aunque pareciera que todo vuelve a la normalidad, Adán asegura que no saben si podrán regresar al ganado a esas parcelas porque temen que el suelo esté contaminado. Por ello, han tenido que vender algunas vacas para seguir pagando la renta de otros terrenos donde puedan alimentar a las restantes.
“Me gustaría que, a través de un estudio, alguien tuviera que realizarlo, pero que fuera el gobierno el que realmente se encargara, para que se comprobara que realmente no existe algo que nos pueda perjudicar a la larga”, dice Cruz Manueles desde la comunidad El Nacimiento.
En esa localidad, una sustancia aceitosa que escurría desde el pozo Krem-1 llegó a los arroyos utilizados para obtener agua para beber, bañarse y cubrir necesidades básicas, asegura Cruz.
Aunque Pemex colocó algunas barreras para contener el material, habitantes afirman que no fueron suficientes y posteriormente quedaron abandonadas.
Uno de los jóvenes de la zona acudió al arroyo a pescar para conseguir alimento, pero, según su testimonio, al probar el pescado ya cocinado percibió un sabor a petróleo, aceite o algún hidrocarburo, por lo que decidió desecharlo.
El rastro del hidrocarburo dejó de observarse a simple vista en el arroyo, pero habitantes aseguran que cuando sube el nivel del agua vuelve a percibirse un fuerte olor a químicos. Desconocen si puede representar un riesgo para la salud.
Por esa razón, cuenta Cruz, nadie quiere beber esa agua y únicamente la utilizan para el ganado porque, asegura, no tienen otra opción.
Los habitantes deben conseguir agua purificada desde Las Choapas, una tarea que, además de costosa, requiere un viaje de alrededor de hora y media y que no todas las personas pueden realizar.
Por ello, aseguran que han solicitado en repetidas ocasiones a Pemex estudios para determinar si el agua es segura y que los resultados sean entregados a las comunidades afectadas.
También han pedido la construcción de un pozo profundo para tener acceso al agua, pero afirman que no han obtenido respuesta.
Esa ha sido, dicen, la respuesta de Pemex desde que comenzó la emergencia. Aunque la empresa anunció obras como una casa de salud en el ejido Benito Juárez y la pavimentación de 26 kilómetros de Río Playas a El Remolino como parte de las acciones relacionadas con el incidente, las comunidades aseguran que continúan a la espera de información, reparación de los daños y atención a sus demandas.
La salud de la población, ignorada
Cuando el pozo tenía una larga flama que se veía a kilómetros a la redonda, de manera reiterada Pemex dijo que se hacían estudios sobre emisiones de gases y que todo estaba en orden. Sin embargo, el Instituto Mexicano del Petróleo, que hizo las mediciones, se negó a entregarlas vía solicitudes de transparencia, bajo el argumento de que el estudio aún sigue en ejecución.
La realidad en el lugar distaba de esos comunicados oficiales. El olor era insoportable y para dormir algunas personas tenían que ponerse paños húmedos en la nariz y boca para poder respirar un poco. Lo que a lo lejos parecían nubes, eran en realidad humo y químicos que le acompañaban. Cubrían a las comunidades de una neblina que provocaba dolor de garganta.
La tos, el dolor de cabeza y los problemas para respirar eran la primera queja de cualquier persona y aunque Pemex anunció brigadas de salud, dicen en la zona que llegaron solo con paracetamol y revisiones superfluas.
Ana Arias de la comunidad El Nacimiento comenzó con mucha tos persistente y problemas para respirar. Tras varios días, fue a un médico particular que le dijo que tiene un daño fuerte en los pulmones que no puede asegurar si se originó con el Krem-1 o si es un padecimiento anterior que se agravó. De cualquier manera, ahora debe estar en tratamiento y gastar su dinero para intentar curarse.
Las personas que tuvieron que salir de sus comunidades para ir a un médico son una constante que se cuenta en la zona una y otra vez, al igual que una tos de meses que no se quitaba y que en algunos casos no se ha quitado.
Sin embargo, la Secretaría de Salud de Veracruz reportó que “no se han documentado personas que hayan demandado la atención por algún problema de salud relacionado al evento”.
A los padecimientos, se les suma la fuerte preocupación con la que quedaron personas como Candelario, quien cuenta que los síntomas desaparecieron, pero no sabe si vendrá algo más que se gesta de manera silenciosa. Será hasta dentro de varios años que finalmente se den cuenta, dice.
Cáncer o enfermedades similares están en boca de las comunidades como una posibilidad que no descartan. La falta de información por parte del gobierno les genera más temor de que en un futuro puedan desarrollarlo, pues ni siquiera supieron a qué estuvieron expuestos.
De hecho, las personas de la región deberían de ser sometidas a estudios de largo plazo para ver afectaciones de la salud, dijo la integrante de la organización Earthworks, Patricia Rodríguez, porque los gases que se liberaron a la atmósfera pueden generar graves problemas.
Los miedos no quedan allí. Está el temor a quedarse con problemas económicos que trajeron consigo los daños causados por el pozo y que se han incrementado tras las vueltas que les han hecho dar. Nadie en la región sabe cómo se repondrá para volver a trabajar las tierras si no les pagan la indemnización prometida.
Además, está presente el miedo de que el pozo vuelva a explotar, pero esta vez no vivan para contarlo. Creen que si fue capaz de quemar todo alrededor con solo la “sal” que caía, podría ser también capaz de consumir todo de un flamazo.
En la zona aún transitan camiones de carga con material que llevan al pozo. Aunque fue apagado el 2 de agosto pasado, todavía no se terminan los trabajos y nadie le ha informado a las comunidades qué es lo que están haciendo aún, cómo avanzan o si tienen algún riesgo, lo que solo abona al miedo de todas las personas.
“Lo que todos pensamos, de aquí de la comunidad, de que nos vaya a explotar eso y vaya a ser una pérdida peor todavía”, finaliza preocupada Romalda.
Con información de: E-consulta Veracruz


