

Un caso que sacudió a la zona conurbada Veracruz-Boca del Río volvió a poner sobre la mesa un problema que, aunque no es nuevo, sigue sin recibir la atención que merece: la violencia en el noviazgo entre menores de edad. Una joven fue presuntamente atacada a balazos por su novio en días recientes, aunque ella no es menor de edad, y aunque las autoridades aún no han confirmado todos los detalles del incidente, el caso despertó la voz de especialistas que piden que este tipo de situaciones dejen de tratarse como algo menor.
Martha Márquez, abogada especializada en el tema, afirmó que minimizar la violencia dentro de una relación de pareja —especialmente cuando se trata de adolescentes— es uno de los errores más peligrosos que podemos cometer como sociedad.
“También no tomar a la ligera muchas veces a estas mujeres, sobre todo cuando son menores de edad desde que pues es violencia en el noviazgo y muchas veces no le damos la importancia que requiere”.
Lo que hace especialmente alarmante este caso no es solo la violencia en sí, sino el escalamiento que representa. Que un joven haya utilizado presuntamente un arma de fuego contra su pareja sentimental habla de hasta dónde puede llegar una situación que, en muchos hogares y familias, pudo haber comenzado con señales que fueron ignoradas o minimizadas.
Márquez insistió en que cualquier señal de violencia dentro de una relación de pareja debe tomarse en serio, sin importar la edad de quienes están involucrados ni la aparente gravedad inicial del conflicto.
“No minimizar estas cuestiones cuando las mujeres hablan de violencia y sobre todo de violencia en el noviazgo hay que tomarlas en serio para prevenir que esta situación sea pues mayor, grave”.
Más allá del caso puntual, las cifras que maneja la propia especialista son reveladoras. De enero a julio de 2026, en el estado de Veracruz se han abierto alrededor de 6 mil carpetas de investigación por violencia familiar. Eso equivale a más de 30 denuncias formales cada día, todos los días, durante siete meses consecutivos.
Dentro de ese universo de casos, más de mil corresponden específicamente a violencia de género en modalidades distintas a la violencia familiar directa. Son números que, vistos en conjunto, dibujan un panorama que exige respuestas institucionales a la altura del problema.
Entre los datos más relevantes que señaló Márquez se encuentran los siguientes:
- Aproximadamente 6,000 carpetas de investigación por violencia familiar abiertas entre enero y julio de 2026 en Veracruz.
- Más de 1,000 casos vinculados a violencia de género en otras modalidades dentro de ese mismo período.
- El programa Veracruzana Protegida ha brindado alrededor de 4,000 atenciones y órdenes de protección desde marzo de 2025, según información de la gobernadora del estado.
- Más de 30 denuncias diarias en promedio, solo por violencia familiar.
Márquez reconoció que el incremento en las denuncias puede leerse como una señal positiva: más mujeres están informadas, más mujeres se están atreviendo a hablar y a exigir protección. Pero enseguida lanzó una pregunta que pocas veces se hace públicamente: ¿qué pasa con esas carpetas una vez que se abren?
“Lo que tenemos ahora que ver es que de estas 6,000 carpetas de investigación, insisto, cuántas llegan a término”.
En el sistema de justicia mexicano, abrir una carpeta de investigación es solo el primer paso de un proceso largo y complejo. Las medidas de protección tienen vigencia limitada, los procesos pueden estancarse, y las víctimas muchas veces se quedan solas frente a una burocracia que no siempre responde a tiempo ni con efectividad.
En ese sentido, la abogada también cuestionó los alcances reales del programa Veracruzana Protegida, impulsado por el gobierno estatal. Si bien las cifras de atenciones y órdenes de protección suenan considerables, Márquez plantea que lo importante es saber cuántas de esas medidas tuvieron un impacto real en la vida de las mujeres que las solicitaron.
“Cuántas de estas medidas de protección realmente tuvieron un cauce efectivo, si llegaron a un término de una denuncia, si además de la denuncia concluyó el proceso y se impuso una sentencia”.
Aquí es donde la advertencia de la especialista se vuelve más urgente. Si las mujeres que se atreven a denunciar no encuentran una respuesta efectiva por parte de las autoridades, el riesgo es que terminen desistiendo. Y peor aún: que otras víctimas, al ver que denunciar no sirve de nada, decidan nunca acudir a las autoridades.
“Si estamos teniendo un aumento de denuncias porque las mujeres se atreven a hablar, pues hasta dónde vamos a poder mantener estos números si no llegan tal vez al término de una sentencia condenatoria”.
El ciclo que describe Márquez es claro y preocupante: más denuncias sin resultados generan desconfianza, y la desconfianza genera silencio. Y el silencio, en contextos de violencia, puede costar vidas.
“Si es así, pues las mujeres seguramente al no ver respuesta por parte de las autoridades, pues simplemente van a desistir”.
El llamado de la abogada es directo: que las instituciones no solo abran carpetas, sino que las cierren con resultados. Que las medidas de protección no sean papel mojado. Que la violencia en el noviazgo, aunque involucre a adolescentes, se trate con la misma seriedad que cualquier otro delito grave. Y que nadie —ni en casa, ni en la escuela, ni en ningún espacio— vuelva a decir que “son cosas de chavos” cuando una joven pide ayuda.
Con información de: Xeu


